Alejandro Pelegrín (25-10-2025)
“La mayoría de la gente no escucha con la intención de entender; escucha con la intención de responder.”
Stephen R. Covey, escritor y conferencista estadounidense,
autor de Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.
Hablar con los clientes es la base de cualquier negocio. Da igual si tienes una gran Empresa, o un pequeño Autónomo. Si no hablas con tus clientes, no sabes qué necesitan. Y si no sabes qué necesitan, no puedes ofrecerles la solución adecuada. Sólo hablando con ellos descubrirás lo que realmente les preocupa (sus puntos de dolor).
1. La gran empresa: escucha estructurada
Las grandes empresas suelen tener departamentos de marketing, atención al cliente y análisis de datos. Pero el tamaño no sustituye la conversación.
Una gran empresa debe crear canales para escuchar de verdad: encuestas postventa, entrevistas cualitativas, seguimiento en redes sociales o análisis de feedback de los equipos comerciales.
Información que debe recoger:
- Motivos de compra y de abandono.
- Nivel de satisfacción con el producto o servicio.
- Problemas o necesidades no cubiertas.
- Expectativas futuras o tendencias que el cliente percibe.
Hablar con los clientes permite a la gran empresa ajustar productos, mejorar procesos y diseñar campañas más efectivas.
2. La empresa mediana: conversación estratégica
Las medianas empresas tienen la ventaja de la agilidad. No están tan encorsetadas por procesos, pero ya cuentan con cierto volumen de clientes y estructura.
Aquí, la clave está en combinar cercanía con método: hacer seguimiento telefónico o por correo después de una venta, solicitar opiniones de manera sistemática y, sobre todo, involucrar a los mandos intermedios en el contacto directo.
Qué información conviene obtener:
- Qué valora más el cliente del servicio.
- Qué le haría cambiar de proveedor.
- Qué barreras encuentra antes de comprar.
- Qué soluciones alternativas está considerando.
Este tipo de empresa puede mejorar mucho su conversión y fidelización solo con mantener un canal de comunicación fluido y empático.
3. La pequeña empresa: cercanía como ventaja competitiva
Las pequeñas empresas tienen un tesoro: la relación directa con el cliente. No hay que pasar por mil filtros. Se puede preguntar directamente, escuchar con atención y adaptar la oferta casi de inmediato.
Qué información debe recopilar:
- Cómo conoció el cliente el negocio.
- Qué le hizo decidirse.
- Qué le gustaría que mejorase.
- Qué otros productos o servicios desearía encontrar.
Una pequeña empresa que habla con sus clientes crece de forma inteligente, porque sabe hacia dónde mover sus recursos y cómo fidelizar con un trato humano y honesto.
4. El Autónomo: cada conversación es oro
Para un autónomo, cada cliente es vital. Hablar con ellos no solo ayuda a mantenerlos, sino también a detectar oportunidades de nuevos servicios.
No se trata de hacer encuestas complicadas, sino de escuchar entre líneas: qué comenta el cliente, qué le frustra, qué le gustaría resolver más rápido o más barato.
Información que puede pedir:
- Cómo valora su experiencia contigo.
- Si recomendaría tu servicio y por qué.
- Qué necesidad tiene pendiente de resolver.
Esa información convierte una relación comercial en una relación de confianza. Y la confianza genera ventas.
5. La gestoría: el conocimiento como herramienta de venta
En las gestorías, hablar con los clientes no es solo importante: es imprescindible.
El cliente no siempre sabe expresar lo que necesita. A veces ni siquiera sabe lo que le conviene. Por eso, la gestoría debe hacer las preguntas adecuadas:
Qué conviene preguntar:
- Qué tipo de negocio tiene y cuáles son sus objetivos.
- Qué problemas le preocupan más (fiscales, laborales, contables…).
- Qué herramientas utiliza para gestionar su día a día.
- Qué espera de una gestoría: rapidez, asesoramiento, ahorro, tranquilidad…
Cuanto más se conozca al cliente, más personalizada y valiosa será la solución que se le ofrezca.
En resumen: sin conversación, no hay precisión
– Ninguna empresa, por grande o pequeña que sea, puede adivinar lo que su cliente necesita.
– Solo preguntando, escuchando y entendiendo se puede acertar.
La venta empieza cuando el cliente se siente escuchado, no cuando recibe una oferta.
– Hablar con tus clientes no es perder tiempo, es invertirlo.
Porque cada palabra que te digan puede ser la clave para vender más, mejorar tu servicio y asegurar el futuro de tu negocio.
– Ponte manos a la obra. Empieza hoy. Dedica unos minutos a hablar con tus clientes, a preguntarles qué piensan y qué necesitan. No busques venderles nada, busca comprenderles y averiguar sus puntos de dolor. Verás cómo esa conversación se convierte, tarde o temprano, en nuevas ventas, en mejores decisiones y en una relación más sólida con quienes hacen posible tu negocio.

